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La frontera del amor

La frontera del amor

Dicen que el amor no conoce fronteras, pero cuando Canadá y los Estados Unidos decidieron cerrar su frontera durante la pandemia de la covid-19, un montón de parejas formadas por ciudadanos de un país y el otro quedaron separadas. La frontera sigue abierta a casos de reunificación familiar, trabajos transfronterizos, para ir ninguno Alaska…. Pero esto no incluye a parejas que como que no están casadas, no pueden demostrar que lo son. Cada cual en su país, solos y melancólicos.
En la zona oeste, en la frontera entre los estados de Washington y la Columbia Británica, algunas parejas se veían desde pocos metros en una carretera junto a la raya. Era ruidoso, un poco peligroso, y apenas podían hablar. Entonces, se produjo el milagro. El parque transfronterizo del Peace Arch (Arco de la Paz) volvió a abrir. Se trata de un parque sobre un trozo de tierra que pertenece a ambos países, una superficie de unas 17 hectáreas, gestionado por parques de Washington y de British Columbia. Se permite entrar desde un lado o el otro, pero tienes que salir por el mismo lado. Hay bastante vigilancia.
Bien, fue abrir y todas las parejas que sufrían la pandémica separación empezaron a encontrarse en el parque, para pasar unas cuántas horas juntos, charlando, acariciándose… en fin, ya os lo podéis imaginar. Y no solo parejas: familias con abuelos, hijos y nietos que viven a un lado y otro de la frontera, se empezaron a encontrar en el parque.
Pero el tema evolucionó, y ahora ya estamos al estadio en el cual algunas parejas se han casado. El parque del Arco de la Paz ha sido testigo de unas cuántas bodas, para así poder conseguir los papeles (nacionalidad) que permitan a las parejas hacer una vida en común, llena de felicidad y todo el que se suele decir y desear en estos casos.
Yo he pasado junto a este parque algunas veces, atravesando la frontera hacia el sur o el norte. Lo veía generalmente vacío, y siempre me había preguntado que de que servía hacer y mantener un parque allá en medio, en un lugar tan poco funcional y de paso. Bien, supongo que no me podía imaginar una pandemia del coronavirus…
Autor: Francesc Nolla


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